Mis párpados jadeantes
sedientos de tu bruma;
suplican de tu voz
beber hasta el alba,
las atiborras con placer
de la ladina bebida;
-sangre agónica y lastimera-
empapados de tu indiferencia
tragando el néctar gélido
que se añeja en silencio
tras tus venas cancinas
que le aportan el agrio sabor
de la traición y el olvido;
y se te han caído las alas
desgastadas por el dolor,
lastimadas en cada agitar
con los puntiagudos puñales
de la raída nostalgia,
ángel desvalido por el orgullo
no volverás a sentir
el calido roce del cariño
excitando tu piel dorada.
